La expansión del CBD en la mentalidad de la gente no ha esperado a la autorización legal para poner en marcha centros de producción en todo el mundo. De hecho, el cultivo de plantas de cáñamo está autorizado en Francia, y cualquiera puede y tiene derecho a cultivar esta planta de la que se extrae el CBD.
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De hecho, la legislación que ha entrado en vigor no indica ninguna contraindicación en cuanto a las prácticas y técnicas que deben utilizarse para cultivar. Por consiguiente, los agricultores son libres de embarcarse en esta nueva actividad, que a menudo puede ser muy lucrativa.
Los efectos psicoactivos del cannabis son, por tanto, muy importantes y son objeto de numerosos estudios clínicos destinados a optimizar el uso y el consumo de estas plantas con fines terapéuticos en personas que sufren dolores crónicos (propiedades terapéuticas).
Sin embargo, hay que tener cuidado con la procedencia de los extractos de la planta de cáñamo, ya que nuevos actores se han introducido en el mercado del CBD utilizando técnicas que no siempre están autorizadas y que a menudo son peligrosas a la hora de consumir los productos acabados (efectos indeseables).
Lo que dice la ley
Como ya se ha mencionado, la ley no prohíbe el cultivo de plantas de cannabis, no sólo en Francia sino en la mayoría de los países del mundo. Los países que han autorizado la legalización del cannabis no tienen normas que hagan del cultivo de cannabis sativa una actividad totalmente libre.
En otros países donde el cannabis no está legalmente permitido, las autoridades, de acuerdo con los ministerios y organismos de seguridad competentes, han establecido normas y leyes que regulan el cultivo.
No se refieren a las técnicas de cultivo, sino a la composición de las plantas cultivadas. En Francia, la ley establece las siguientes normas:
- La planta de cáñamo debe ser una de las 21 variedades autorizadas para el cultivo;
- El uso industrial y comercial de las sumidades floridas está totalmente prohibido. El CBD sólo puede extraerse del tallo (fibras) o de las semillas (aceite de cáñamo).
- La última ley en vigor es la más controvertida, ya que fija el contenido máximo de THC (sustancia psicotrópica prohibida en Francia) que puede contener una planta de cáñamo y los productos acabados a base de CBD. La molécula de THC (contenida en el cannabis) no debe superar el 0,2% en la planta y nunca debe encontrarse en los productos acabados a base de CBD. La legislación sobre contenidos muy bajos de THC varía de un país a otro (1% en Suiza, por ejemplo). Por ello, muchos productores se aprovechan de la inseguridad jurídica que rodea a la composición molecular de la planta y del producto comercializando productos que no siempre cumplen las normas.
Por ello, se han llevado a cabo numerosos ensayos clínicos para desarrollar productos farmacéuticos a base de CBD. Los beneficios del CBD han quedado demostrados por su acción sobre los distintos sistemas centrales del organismo (sistema inmunitario y sistema nervioso central). Por ello, de acuerdo con la Agencia Francesa del Medicamento, el Ministerio de Sanidad francés ha autorizado el uso terapéutico del CBD para pacientes que sufren determinadas patologías (enfermedad de Parkinson, enfermedad de Alzheimer, esclerosis múltiple), siempre que dispongan de una prescripción médica (Sativex, por ejemplo).
CBD sintético
Han surgido nuevos actores en el mercado para crear moléculas sintéticas cercanas al CBD e incluso perfectamente idénticas a él. Sin embargo, estos laboratorios que dicen buscar "cannabis terapéutico" suelen añadir sustancias ilícitas a sus preparados para aumentar los márgenes y, sobre todo, hacer pasar por terapéutico el uso recreativo de un producto con beneficios medicinales.
Por ello, los distintos ministerios responsables de la protección de la salud y la agencia nacional de seguridad antidroga se enfrentan a este nuevo mercado del cannabis. Autorizar el uso y la producción de este tipo de sustancias abriría el debate sobre el uso recreativo de la marihuana.
Por eso, en la mayoría de los países se realizan numerosos controles directamente sobre los productos acabados para detectar los niveles de THC u otras sustancias nocivas (que tienen efectos psicotrópicos o alucinógenos y se clasifican como estupefacientes), lo que pone en peligro la salud de los consumidores que los consumen habitualmente.




