El cannabidiol, más comúnmente conocido como CBD, es un componente activo del cannabis que se puede encontrar en las plantas de cáñamo de la misma forma que el THC. La diferencia entre estas dos moléculas psicoactivas radica en ciertas propiedades y efectos que pueden tener en el cuerpo humano. El THC provoca efectos psicotrópicos, mientras que el CBD no. Los efectos psicotrópicos se definen como un cambio en el comportamiento y una sensación de euforia cuando se consume, lo que lleva a la adicción de la misma manera que las drogas blandas o duras similares (cocaína, heroína, etc.).
Información importante
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En el mercado francés han aparecido numerosos productos derivados del cannabis sativa o del cáñamo cultivado, principalmente e-líquidos de CBD para cigarrillos electrónicos, cosméticos e infusiones.
El CBD habría demostrado sus virtudes terapéuticas en numerosos estudios científicos y ensayos clínicos realizados en pacientes que sufren determinadas patologías. De hecho, se dice que el CBD utilizado con fines terapéuticos ofrece alternativas definitivas al dolor crónico, gracias a sus propiedades antiinflamatorias, antipsicóticas, antivomitivas y anticonvulsivas, además de tener un impacto real en los distintos sistemas centrales del cuerpo humano: el sistema nervioso central y el sistema inmunitario, abarcando prácticamente toda la regulación del cuerpo humano.
Sin embargo, el CBD está rodeado de inseguridad jurídica. Entre la relajación de la legislación y los controles sobre la producción, la demanda de esta sustancia tabú aparentemente se ha disparado. Echamos un vistazo a la normativa y legislación que rodea al CBD, aunque los consumidores no corren ningún riesgo legal si consumen CBD.
Normas de producción
El cannabis no ha sido legalizado en Francia, por lo que todas las transacciones relacionadas con él están formalmente prohibidas. Nos referimos a su producción, extracción, posesión y uso. En consecuencia, todos los productos derivados de la producción de cáñamo están prohibidos. Sin embargo, existe una excepción relativa para permitir el cultivo de cáñamo índico con fines industriales y comerciales: industria textil, alimentaria, cosmética, papel y muchos otros.
En consecuencia, muchos actores han aprovechado esta relativa autorización legal para realizar prácticas que a menudo son completamente legales. El negocio del cannabis se rige por una serie de normas:
- Las sumidades floridas no podrán utilizarse con fines industriales o comerciales. La flor no puede utilizarse para ningún fin. Sin embargo, la legislación francesa autoriza cualquier extracción de CBD cuando el cannabinoide procede del tallo o de las semillas. El mayor contenido de CBD se encuentra en la flor, pero los tallos y las semillas son útiles en las industrias textil y del aceite de cáñamo, respectivamente.
- El contenido de THC (sustancia psicotrópica) no debe superar el 0,2% en la planta de cáñamo ni en el producto acabado.
- El Ministerio de Sanidad ha elaborado una lista de plantas de cáñamo utilizables. De hecho, los cultivadores sólo pueden producir una planta que figure en el registro de 21 plantas autorizadas.
- La ley es muy clara: está prohibido ensalzar las virtudes o propiedades terapéuticas o medicinales del CBD. Toda publicidad de sus beneficios médicos está prohibida. Por lo tanto, las propiedades del CBD no pueden utilizarse para justificar su venta, ya que no es un medicamento. Sin embargo, un minorista tiene derecho a argumentar que el CBD puede utilizarse como complemento alimenticio sustitutivo para aliviar dolencias, pero no para curarlas o tratarlas.
Francia es uno de los últimos países de la Unión Europea que no ha despenalizado el cannabis. Sin embargo, algunos países vecinos restringen la venta de CBD y cannabis.
Normativa sobre consumo
El consumo de CBD está autorizado en Francia si los productos elaborados cumplen la legislación antes mencionada. De hecho, el producto acabado que consume un usuario no debe contener en ningún caso THC ni otras sustancias nocivas y psicotrópicas, lo que hace que el CBD sea indetectable en los análisis de saliva.
La Agence Nationale de Sécurité du Médicament (ANSM), de acuerdo con el Ministerio de Sanidad, establece las normas de consumo de CBD en Francia. Todavía no existe ningún organismo europeo o mundial que regule el consumo de CBD, ya que cada país es libre de establecer sus propias normas.
En consecuencia, el CBD es principalmente un producto sustitutivo utilizado con fines terapéuticos o médicos, debido a sus propiedades sobre los sistemas nervioso central e inmunitario. Los receptores CB1 y CB2 se estimulan cuando se toma CBD, liberando moléculas en el cuerpo humano para regular y aliviar una amplia gama de traumas:
- Enfermedad de Parkinson
- Enfermedad de Alzheimer
- Células cancerosas
- Esclerosis y esclerosis múltiple
- Problemas psicológicos...
En consecuencia, los profesionales de la salud están facultados para autorizar el consumo de CBD para usos complementarios al tratamiento de base. El paciente deberá presentar una solicitud y cumplimentar una serie de documentos antes de que se le prescriba el CBD.
La prescripción dada por el médico u otro profesional sanitario está sujeta a la regulación de la Agencia Nacional Francesa para la Seguridad de los Medicamentos, y su autorización sólo puede ser temporal y no por tiempo ilimitado.
Esta agencia nacional controla el uso del CBD (prohibición del uso recreativo) con el fin de administrar dosis acordes con las necesidades de un paciente que sufre una determinada patología para beneficiarse del "efecto séquito" del cannabidiol. De hecho, una sobredosis o un consumo excesivo de CBD podría provocar efectos secundarios indeseables, como somnolencia intensa.
Puntos clave
A pesar de la flexibilización de la legislación sobre el CBD en Francia, las distintas autoridades vigilan de cerca la droga para garantizar que no se haga un uso indebido de ella. La ley ha establecido una serie de disposiciones para controlar la producción, en la que existen muchos peligros de uso indebido (la producción sintética se está expandiendo rápidamente). Como consecuencia, la legislación derogatoria sobre el uso del CBD ha permitido a muchos agricultores y nuevos actores producir múltiples variaciones de la molécula.
El consumo de CBD en Francia está más o menos regulado, ya que el uso terapéutico está sujeto a una agencia nacional para garantizar que los consumidores no se expongan a ningún peligro. Sin embargo, se pueden encontrar muchos productos de CBD en diversos puntos de venta (estancos, páginas web) donde son fáciles de conseguir. Aunque el uso recreativo del CBD tiene poca importancia, ya que no se considera una droga (sin efecto alucinógeno y sin adicción), los productores podrían aprovechar la inseguridad jurídica que lo rodea para incorporar numerosos componentes que actualmente están prohibidos en Francia.




