La MILDECA (Mission interministérielle de Lutte contre le Drogues et les Conduits Addictives - Misión interministerial de lucha contra la droga y los comportamientos adictivos) se encarga de vigilar y regular el uso de estas sustancias. En los países europeos no existen reglamentos ni organismos que controlen el uso de estas sustancias. Su ámbito de control abarca la producción, el uso y el consumo de drogas: drogas blandas como el cannabis, pero también drogas duras como la cocaína y la heroína.
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En el contexto actual de expansión de la producción y comercialización de cannabis en Francia, el CBD ha surgido como una alternativa legal a la producción de cannabis sativa. La falta de reglas y normas claras que regulen estos productos hace que los consumidores no siempre conozcan el contenido exacto de lo que compran. De hecho, algunos productos no contienen exactamente el contenido de CBD indicado y pueden contener sustancias potencialmente peligrosas. Por eso, los organismos de control vigilan la producción de cannabidiol.
Controles sanitarios realizados
Como el CBD procede del cáñamo, los controles sobre su uso en medicamentos u otros productos acabados autorizados son importantes y están sujetos a autorización previa cuando aún se encuentran en fase de ensayo clínico en laboratorio. El Ministerio de Sanidad y la Agencia Francesa del Medicamento siguen de cerca la vigilancia sanitaria para garantizar que los riesgos se mantienen bajo control.
La seguridad de los productos es muy importante en la industria farmacéutica. Es esencial garantizar que los productos cumplen las normas necesarias para proporcionar alivio y mejorar la salud de los pacientes. Por tanto, la policía sanitaria tendría un importante papel que desempeñar para garantizar la supervivencia de un nuevo sector sin ninguna organización mundial encargada de proteger a la población cannábica.
Los controles sanitarios permitirían un control más estricto de la normativa relativa al sector agroalimentario. El cultivo de CBD figura en la lista de prácticas agrícolas relacionadas con una planta natural destinada a la comercialización y el consumo en la cadena alimentaria. En consecuencia, deben realizarse controles sanitarios durante la producción y la extracción. Por tanto, las agencias sanitarias deben tener cuidado a la hora de gestionar los riesgos que conlleva el consumo de CBD, que puede proceder de fuentes más o menos seguras.
Sin embargo, la Agencia Mundial de la Salud no ha elaborado un informe preciso sobre los requisitos sanitarios de la producción de cannabis. Sin embargo, se llevan a cabo numerosos controles de los productos acabados, ya que la legislación "real" que les concierne sigue vigente.
Es más, los riesgos para la salud asociados al consumo de cannabis son elevados, dado el desarrollo de estas prácticas. Es más, estas agencias están alertadas por el hecho de que el CBD puede consumirse con fines medicinales, pero también en forma de complementos alimenticios, donde la seguridad alimentaria es muy importante.
En consecuencia, no existen controles sanitarios propiamente dichos de las plantas ni de los lugares de producción, ya que la legislación sigue siendo imprecisa en lo que respecta a la producción de CBD. Sin embargo, sí existen controles reales sobre los productos acabados que contienen extractos de cannabis, ya que la normativa es clara: el cannabis recreativo está prohibido y el cannabis con fines terapéuticos (en forma de CBD, como el Sativex) se somete a controles para comprobar los niveles de diversas sustancias que pueden encontrarse y los riesgos asociados a su consumo.
Los riesgos
Las instituciones sanitarias están acelerando la investigación sobre las posibilidades de los tratamientos con CBD con fines médicos y su dosificación. Intentan desarrollar medicamentos para pacientes que sufren determinadas enfermedades (esclerosis múltiple, Alzheimer, Parkinson, esquizofrenia y muchas otras).
Por ello, la fabricación de estas alternativas sanitarias puede ser peligrosa si los cannabinoides utilizados en los productos sanitarios no están controlados por las autoridades sanitarias. Por ello, las agencias del medicamento vigilan la introducción y el desarrollo de estos procesos, que afectan directamente a la salud de las personas.
Otro problema se refiere a la comercialización del CBD como complemento alimenticio terapéutico. Tampoco en este caso existe una organización que controle la salubridad de la producción y las fábricas de las que procede. Los únicos controles que se realizan son sobre los productos acabados (cápsulas, comprimidos, aceite) para verificar el contenido del producto: El CBD, el THC y otras moléculas potencialmente nocivas pueden provocar efectos secundarios en los pacientes. Por tanto, los minoristas son libres de elegir para la venta productos que entrañan riesgos para los consumidores.
De este modo, la prevención de riesgos es bastante vaga en lo que respecta al CBD, al igual que la legislación que lo rodea en muchos países. En varios estados norteamericanos, la legalización del cannabis ha permitido destinar presupuestos a vigilar la salud de estos productos en lugar de perseguir a los consumidores de estas sustancias.




