La depresión es uno de los trastornos mentales más frecuentes. Según el Bulletin épidémiologique hebdomadaire (BEH), casi uno de cada 10 adultos de entre 18 y 75 años sufrió un episodio de depresión en 2017. La depresión no debe confundirse con un estado de ánimo bajo. Las personas pueden sentirse tristes, melancólicas, ansiosas o tener pensamientos negativos. Estos "ataques de melancolía" pueden no ser agradables, pero son una parte necesaria de la vida. Estos cambios de humor no deben confundirse con síntomas de depresión.
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La depresión es una verdadera enfermedad mental que debe diagnosticarse lo antes posible. Existen multitud de síntomas, que detallaremos a lo largo de este artículo, pero tres estados son típicos de la depresión:
- Tristeza severa, que es diferente para las personas que sufren depresión que la tristeza "clásica": no está vinculada a ninguna causa, y se asemeja a un sentimiento de angustia mezclado con un sentimiento de impotencia.
- Pérdida de interés por todas las actividades (trabajo, ocio, socialización, ejercicio).
- Combinación de varios de los síntomas siguientes: Pérdida de autoestima, irritabilidad emocional, disminución del apetito, incluso anorexia o aumento de peso por bulimia, conductas autodestructivas o pensamientos oscuros (automutilación, riesgo de suicidio), malestar general....
- Estos síntomas dificultan gravemente la vida diaria de la persona: incapacidad para levantarse de la cama o ir a trabajar, incapacidad para participar en actividades sociales, etc. Las personas deprimidas pierden las ganas de hacer cualquier cosa.
Los diferentes tipos de depresión
Depresión posparto o "baby blues": Las madres jóvenes que acaban de tener un bebé son las más afectadas por la depresión posparto. Las hormonas están en el origen de la enfermedad, al igual que la conciencia de las responsabilidades que tienen por delante.
Burnout" o depresión profesional: se produce en un entorno profesional que suele ser exigente y muy estresante. La carga de trabajo o las responsabilidades exigidas son tales que repercuten en la salud mental del trabajador.
Depresión causada por una enfermedad: las personas que padecen enfermedades graves(cáncer, por ejemplo) o discapacidades graves pueden caer en la depresión, a menudo debido a las consecuencias de estas enfermedades, difíciles de asimilar mentalmente (sentimientos de impotencia e inutilidad).
Depresión bipolar: la persona experimenta todo tipo de emociones, a menudo contradictorias.
Depresión grave: Abandono de todas las actividades cotidianas, la persona está amorfa y ya no reacciona ante su entorno. La persona es propensa a la psicosis y a los pensamientos suicidas.
Las causas de la enfermedad
El origen de esta enfermedad sigue siendo un misterio, aunque sabemos que intervienen determinados factores biológicos, fisiológicos y ambientales.
La causa principal de la depresión es sin duda la interrupción de las conexiones sinápticas. Los neuromediadores o neurotransmisores dejan de hacer su trabajo: ya no regulan la secreción de sustancias bioquímicas como la serotonina, la monoamina, la dopamina o la melatonina. Es cuando estas hormonas están presentes en cantidades demasiado grandes o demasiado pequeñas cuando aparecen los signos de la depresión. Los estudios científicos explican que este desequilibrio también está relacionado con un mal funcionamiento del hipocampo, una región cerebral situada cerca del córtex ventromedial.
Las causas secundarias de esta enfermedad son factores fisiológicos como el exceso de trabajo. Algunos de estos factores pueden remontarse directamente a la infancia (traumas, mecanismos de defensa) y a menudo requieren la ayuda de un psiquiatra u otro terapeuta para superar estos bloqueos.
La depresión también puede ser síntoma de una enfermedad subyacente. Es el caso de las personas que padecen la enfermedad de Parkinson. También puede sumarse a ciertas enfermedades, en particular la enfermedad de Alzheimer, que afecta sobre todo a las personas mayores.
¿Cómo se trata la depresión?
Afortunadamente, la depresión no es una enfermedad permanente y puede tratarse con diversos fármacos y tratamientos no farmacológicos. Su médico de cabecera le aconsejará el tratamiento más adecuado para su enfermedad.
Terapia cognitiva: esta terapia conductual, llevada a cabo por un psiquiatra, corrige las autoevaluaciones negativas del paciente (autodesprecio, pensamiento pesimista, etc.) sin descubrir la causa.
Luminoterapia: consiste en la exposición a una luz blanca que imita el espectro del sol. Esta terapia es eficaz contra la depresión temporal y crónica (estacional) y la artrosis.
Tratamientos farmacológicos: Los antidepresivos y las benzodiacepinas son actualmente uno de los medios más eficaces para tratar la depresión. Sus potentes efectos están especialmente indicados para la depresión grave. Los más conocidos son el Prozac y el Seroplex. Estos fármacos pueden tener repercusiones (somnolencia, agitación, náuseas, ataques maníacos) y no deben combinarse con ciertos medicamentos de la clase IMAO, debido al riesgo de síndrome serotoninérgico.
Tratamientos naturales: algunos naturópatas y otros terapeutas recomiendan tratamientos homeopáticos a base de plantas (solos o como complemento de los tratamientos convencionales). La hierba de San Juan es un remedio natural sin efectos secundarios y de eficacia probada para combatir la depresión.
CBD, un cannabinoide con gran potencial
Hoy sabemos que el CBD utilizado con fines medicinales puede aliviar un amplio abanico de dolencias: ataques epilépticos, dolores de cabeza, reducción del riesgo cardiovascular, alivio de los síntomas de enfermedades neurovegetativas como la esclerosis múltiple, etc. Este cannabinoide, contenido en la planta Cannabis Sativa L, no provoca alucinaciones (a diferencia del THC) y puede utilizarse de forma segura para la automedicación, con muy pocas contraindicaciones, salvo en el caso de otros tratamientos. La Organización Mundial de la Salud no ha registrado ningún efecto adverso por tomar CBD.
Varios estudios científicos recientes, publicados en la revista Molecular Neurobiology, han demostrado que las propiedades ansiolíticas y analgésicas del cannabidiol podrían tener efectos beneficiosos, permitiendo a los pacientes combatir la depresión.




